SOBREVIVIENDO A LA ADOLESCENCIA - Destino Alma
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SOBREVIVIENDO A LA ADOLESCENCIA

SOBREVIVIENDO A LA ADOLESCENCIA

¿Quieres recoger esa habitación?, ¡no das ni palo! ¿has hecho los deberes? Deja el móvil!, no me gusta nada los amigos con los que vas. ¿Porqué te maquillas tanto? ¿quieres escucharme cuando te hablo? ¿puedes colaborar más en casa? ¿vas a salir así a la calle?.¿a qué hora vienes?. ¿más dinero? ¿crees que soy un banco?…

Si tienes hijos rondando la adolescencia, estas preguntas te van a sonar. Y mucho. Es una etapa que cuesta mucho gestionar. Uno de los mayores retos al que nos enfrentamos como padres. No obstante, hagamos una pequeña reflexión.

Me da la sensación que a los padres se nos ha olvidado que nosotros también hemos pasado por esta edad, hemos olvidado que es una época tan complicada, donde nos sentíamos tan solos y tan incomprendidos. Donde pasábamos del amor al odio en un segundo. Donde el físico era el gran pilar. Nosotros también hemos perdido el control, nosotros también hemos fumado, hemos bebido, nosotros también hemos tenido amigos de esos que no se podían presentar a los padres, nosotros también nos hemos enamorado una y mil veces, hasta hemos dejado a algún novio porque le gustaba a nuestra madre…. (qué horror), nosotros también hemos ensalzado a nuestros amigos, como nuestros dioses, nuestro mundo, nuestro universo único y particular, los únicos capaces de entendernos. Nosotros también hemos llegado a casa, hemos mirado a nuestros padres y nos han dado “lástima” porque nos parecían de otra galaxia, porque eran unos extraños. Si les decíamos que no nos sentíamos bien, nos contestaban que estudiáramos más. Si les explicabas que tu profesor te tenía manía te contestaban que tenías que recoger la habitación. Hablábamos lenguajes diferentes todo el rato. Y la única manera que tenían de educarnos era a través de órdenes, obligaciones, deberes, castigos, chantajes…. O al menos, así era como lo percibíamos en esos momentos de nuestra vida.

Ahora años después, nosotros los adolescentes de ayer somos los padres de hoy, y si nos miramos al espejo no nos diferenciamos mucho de nuestros propios padres en cuanto a las cosas que decimos, o a los miedos que sentimos, o a la impotencia que nos invade. Además de temer que les pase algo, que les hagan algo, que su futuro en este país no sea muy claro, además nos enfrentamos a un nuevo mundo de tecnología, y de redes sociales inabarcables.

Es tan difícil ser padres hoy, ayer, mañana y siempre. Los hijos no traen manual de instrucciones. Todo es prueba y error. Y lo que has descubierto que funciona con uno, pruebas con otro de tus hijos y falla. Les quieres más que a tu vida, te duelen en las entrañas, es lo que nos hace más vulnerables, y al mismo tiempo es lo que nos desvela que es realmente el amor incondicional.

Yo he vivido luchas dialécticas encarnizadas, pulsos absurdos que nos desgastaban, discusiones en las que siempre dices algo que después te arrepientes, portazos, silencios dolorosos …. Hasta que mis hijos, me mostraron mi imagen y lo que vi no me gustó. Esa no era yo. Era víctima de mis miedos y apegos. Y así no quería ser como madre. Deje de jugar a cómo ser una madre y comencé a fluir desde el corazón siendo madre. Gracias a esos maestros que son nuestros hijos, aprendí a escuchar sin juicios, a no etiquetar, a huir de las amenazas y el castigo sistemático, a comprender y respetar sus silencios, a reírnos juntos sintiéndonos cómplices.

Aprendí a abrazar sus sentimientos fueran cuales fueran, a escuchar sus confesiones aunque no me gustaran, a darles su espacio, su reconocimiento, su momento, su tiempo. A ponerme en su piel y entender sus prioridades. A decirles que no, pero con asertividad, haciéndoles entender el porqué de mi opinión, no de mis órdenes. A razonar con ellos para que aprendan a ser responsables en la vida, independientes, honestos, auténticos, con valores. Que sean ellos mismos. Que tengan un estilo de vida como ejemplo. Pero que decidan por si solos cual será su camino. Y sobre todo que sean felices.

Amarles como son, por lo que son, amarles sin condiciones, sin limites. Amarles y que lo sepan, que hayan oído cuanto les queremos, aunque se aparten, aunque se avergüencen delante de sus amigos. Aunque no quieran ni tus besos, ni tus abrazos en estos momentos. Porque llegará un día, en el que no estés físicamente, y ellos serán capaces de cerrar los ojos y de sentir el profundo amor que sus padres con sus virtudes y sus defectos les entregaron sin condiciones.

Y ahora, a recoger esa habitación, pero desde el cariño!

Popi
popi@destinoalma.com
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