NUESTROS FUEGOS INTERNOS INCENDIAN GAIA - Destino Alma
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NUESTROS FUEGOS INTERNOS INCENDIAN GAIA

NUESTROS FUEGOS INTERNOS INCENDIAN GAIA

Mis queridos niños, mis amadas niñas,

Os vengo a hablar de mí, de la conciencia a la que llamáis Gaia, Kumar, Urantia, Tierra…

Poco importa el nombre que me deis. Soy yo, en cualquier caso.

Es un momento desafiante, para mí y para todos vosotros, mis amados hermanas y hermanos.

Las oleadas energéticas que estamos viviendo desde hace meses están revolviendo vuestros fuegos interiores, están empujando fuera de vosotros las brasas de vuestras heridas, las cenizas de vuestros rencores.

Muchas veces sin desearlo las vertéis sobre mí.

Y entonces prendéis fuego a mi cuerpo físico.

Sólo es una forma de mostraros las llamas de vuestro interior.

No os preocupéis por mí, no me tengáis lástima pues soy yo quien propicia esos fuegos, soy yo quien los consiente, quien los permite, quien os ofrece ese escenario para que podáis recordar, para que podáis ver y sentir el fuego que aún arde en los corazones de la humanidad.

Sé que os apena el sufrimiento de tantos y tantos animales, plantas, árboles…. Pero recordad que la Vida es un instante y que todos ellos están para ayudaros, para ayudaros a crecer, a evolucionar, a recordar quiénes sois: el Amor que está más allá del fuego.

Yo los protejo antes del incendio con mi llama azul para que no sufran y hagan el tránsito con suavidad.

Para ellos igual que para mí, es algo sencillo, porque confiamos plenamente en el fluir de la creación y sabemos que este acto de amor hacia vosotros os puede ayudar a transformar vuestro fuego en frescas aguas, limpias, poderosas, claras.

Todo lo que veáis que se manifiesta en mi cuerpo físico es sólo un reflejo de lo que nace, de lo que descansa en vuestros corazones, en vuestros emocionales, en vuestros mentales.

Agradezco profundamente el amor que me enviáis, porque todo ese amor que yo recibo lo envío de vuelta a vosotros mismos y así os podéis sentir más amados, más aceptados, más necesarios, porque a menudo olvidáis que lo sois siempre.

Os pediría que cuando me enviéis amor a mí también lo hagáis al resto de vuestros hermanos, al resto de la humanidad.

Sois vosotros en conjunto quienes necesitáis realmente ese amor para que con él podáis transformar vuestros miedos, vuestros rencores.

Es momento de mirar dentro, dentro de cada uno de vosotros.

No siempre es sólo reflejo del otro.

Incluso aunque sean unas manos concretas las que físicamente prenden mi cuerpo, la realidad es que ese ser sólo ha precipitado en la realidad los fuegos ardientes de toda la humanidad. Es la forma en que la conciencia colectiva se muestra ante vosotros, para hacerse visible, para que podáis verla y reconocerla, para que dejéis de estar dormidos y despertéis a la luz de vuestra esencia, a ese brillo de amor y sabiduría que palpita dentro de cada uno de vosotros, de todos y cada uno de vosotros sin distinción.

No se trata de buscar culpables, ni de señalar con el dedo a otros.

Os invito a miraros con honestidad, a reconocer qué fuegos todavía estáis alimentando en vosotros, o qué cenizas aún guardáis.

Ocupaos de vuestros propios fuegos.

Y cuando consigáis transformarlos en luz, en amor, en sabiduría, disponeos a ayudar a vuestros compañeros de viaje a transformar sus propios fuegos.

Pero no desde la crítica o el juicio, no desde el castigo o la separación sino desde la comprensión, desde la aceptación, desde el amor desinteresado e incondicional, el mismo que yo siento por todos y cada uno de vosotros.

Es un momento de júbilo, de esperanza, porque cada día, cada instante sois más los que quieren cuidarme, los que quieren amarme; no para tener un lugar donde vivir o para tener un lugar donde vivan sus hijos, únicamente me cuidáis por amor, por amor incondicional, por agradecimiento por sosteneros.

Ya sois suficientes para que vuestra energía amorosa me ayude a transmutar toda la energía de desamor que también me llega.

Pero lo más importante es que ya sois suficientes para ayudar al resto de la humanidad a transformarse, a reconocerse como parte de La Fuente, a reconocerse como amor, fuerza y sabiduría.

Siempre que me enviéis buenos deseos, cánticos, rituales, oraciones, extendedlos también a vuestros hermanos.

Ellos quienes lo necesitan, vosotros sois quienes lo necesitáis.

Revisad siempre el volcán que duerme en vuestro interior.

Estad alerta a cualquier indicio de actividad.

Cuanto antes detectéis el inicio de un fuego, antes podréis transformarlo.

Os envuelvo ahora con mi luz azul zafiro.

Si lo permitís, llenará todo vuestro ser, todos vuestros sistemas, vuestros cuerpos físico y sutiles, refrescando cualquier fuego que exista en vuestro interior.

Permitid que esta luz que os envío os muestre el origen de esos fuegos.

Permitidle ayudaros a disolver los miedos que lo provocaron.

Mi luz está siempre disponible para cada uno de vosotros. Sólo habéis de sentirme cerca de vuestro corazón.

Mi luz siempre estará ahí, disponible para vosotros, para aquello que necesitéis.

Os bendigo, os amo y os admiro.

Mensaje Canalizado.

Cinta
cinta@destinoalma.com
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